No existe un único número mágico. Las guías modernas suelen mantener objetivos generales bajos (por ejemplo <130/80 en muchos adultos), pero insisten en ajustar según edad, fragilidad, comorbilidades, tolerancia y efectos adversos.
Como orientación práctica para conversar con tu médico (no para automedicarte), mucha evidencia y práctica clínica coinciden en que, en mayores de 75 o personas frágiles, puede ser más seguro evitar “apretar” hacia 120 si aparecen síntomas, y moverse en rangos moderados, priorizando estabilidad y prevención de caídas. (Y si hay diabetes, enfermedad renal, antecedentes de infarto/ictus, etc., el objetivo puede variar).
Lo más importante: la mejor presión no es la más baja; es la que te protege sin quitarte estabilidad, energía y calidad de vida.
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