Me miró como si yo fuera una molestia administrativa, una interrupción.
—“Mamá… ¿qué hace aquí?”
—“¿Cómo que qué hago? Vine a ver casarse a mi nieta.”
Entonces tomó la lista, pasó el dedo con calma y soltó, en voz alta, lo suficientemente alto para que todos oyeran:
—“Mamá, usted no está en la lista.”
El silencio fue inmediato. Sentí miradas por todas partes.
Vi caras incómodas, gente fingiendo no escuchar, otros mirando al celular como si eso los salvara de la vergüenza ajena.
Y lo peor: nadie dijo nada.
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