Cuando tienes 20 o 30, un desamor duele pero te recuperas.
A los 60, una decepción puede sentirse como un terremoto emocional.
No porque seas débil,
sino porque ya viviste demasiado como para empezar desde cero otra vez.
El peligro no es amar.
El peligro es entregar más de lo que el otro puede darte.
Leave a Comment