Una de las señales más comunes cuando alguien está cerca del final es la pérdida de apetito y de interés por beber líquidos. Conforme el cuerpo deja de necesitar la misma cantidad de energía, las ganas de comer disminuyen gradualmente. También puede haber dificultad para tragar, lo que hace que incluso pequeñas cantidades de comida o bebida resulten incómodas o peligrosas.
Esto no significa que estés fallando en cuidar a esa persona: es un proceso natural del cuerpo al acercarse al final de la vida.
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