En adultos mayores, la ropa debe ser fácil de poner, cómoda y segura. Prendas demasiado ajustadas pueden marcar la piel o dificultar la circulación; cierres complicados pueden reducir la autonomía; y telas ásperas pueden causar irritación. Elegir materiales suaves y talles adecuados facilita la rutina diaria.
Cuando una persona necesita ayuda para vestirse, conviene hacerlo con respeto y participación. Permitir que elija colores, prendas o combinaciones refuerza su autonomía y dignidad. La higiene no debe vivirse como una imposición, sino como parte del cuidado personal.
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