Ese mismo día limpiamos los azulejos a fondo, ventilamos el baño durante horas y dejamos todo impecable. Más tarde terminamos riéndonos de lo nerviosos que habíamos estado.
Sin embargo, algo de aquella experiencia quedó grabado en nosotros.
Nos recordó lo fácil que es perder la confianza cuando aparece algo inesperado. Cómo lo desconocido puede hacernos dudar incluso de los lugares que creemos conocer perfectamente.
Ahora, cada vez que entro en ese baño, me sorprendo mirando al suelo sin pensarlo.
Leave a Comment