Allí estaba, sobre las frías baldosas del baño, completamente fuera de lugar. Silenciosa, extraña y ligeramente inquietante. Una pequeña masa amorfa reposaba en el suelo como si hubiera aparecido de la nada, rompiendo la calma de un espacio limpio y ordenado.
Mi nombre es Daniel, y aquella mañana estaba junto a mi novia, Laura, cuando nos encontramos con esa escena. Ambos nos quedamos inmóviles, observándola durante más tiempo del que admitiríamos después. No era grande, no se movía, no hacía nada… pero algo en su apariencia nos incomodaba profundamente.
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