La actividad física regular es otro factor clave. Caminar, nadar, practicar yoga o realizar ejercicios de fuerza no solo mejora la movilidad, sino que protege el corazón, fortalece los músculos y mantiene activo el cerebro. A esto se suma la importancia del descanso, ya que dormir entre siete y ocho horas permite que el cuerpo se recupere y repare los tejidos dañados.
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