Camisas, remeras, pantalones, vestidos o buzos pueden cambiarse según el uso. Si la prenda tiene manchas, olor, humedad o estuvo en contacto con sudor, lo mejor es lavarla antes de volver a usarla. En climas calurosos o durante períodos de mayor actividad, puede ser necesario cambiar la ropa exterior todos los días.
La ropa de cama también merece atención. Sábanas y fundas suelen cambiarse al menos una vez por semana, aunque puede ser necesario hacerlo antes si hay sudoración intensa, incontinencia, fiebre, heridas o derrames. Mantener la cama limpia contribuye al descanso y reduce molestias en la piel.
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