Intenté mantener la calma. Le expliqué que la casa tenía un límite, no solo de espacio, sino de convivencia. Que no me sentía cómodo con tanta gente, y menos con personas con las que no tenía confianza. Le recordé que yo había comprado ese lugar pensando en descansar, no en cocinar para decenas de personas, limpiar después de multitudes o lidiar con dinámicas familiares ajenas.
Leave a Comment