La flema es una mucosidad producida por el sistema respiratorio como mecanismo de defensa. Su función es atrapar polvo, bacterias, virus y partículas irritantes antes de que lleguen a los pulmones. En condiciones normales, el cuerpo la elimina sin que lo notemos. El problema surge cuando se vuelve más espesa, abundante o persistente, generando carraspeo constante, tos y una sensación de cuerpo extraño en la garganta. Esto puede estar relacionado con resfríos, alergias, cambios de temperatura, aire seco o incluso hábitos cotidianos.

Uno de los factores más importantes para reducir la flema es la hidratación. Beber suficiente agua a lo largo del día ayuda a diluir la mucosidad, facilitando su expulsión natural. Cuando el cuerpo está deshidratado, el moco se vuelve más denso y pegajoso, lo que empeora la molestia. Además del agua, las bebidas calientes como infusiones de manzanilla, jengibre o menta aportan un efecto calmante, ya que el calor relaja las vías respiratorias y ayuda a despejar la garganta.
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