Reconocer estas conductas no significa culparse ni avergonzarse. Al contrario, es una forma de crecimiento personal. La vejez no debería ser sinónimo de rigidez, queja o aislamiento, sino de evolución, empatía y presencia consciente. Pequeños cambios en la actitud pueden marcar una gran diferencia en cómo te perciben los demás y, sobre todo, en cómo vivís esta etapa de la vida.
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