Durante el día bebemos agua, té, sopas y otros líquidos, por lo que la orina suele estar más diluida.
Por la noche, el cuerpo entra en un modo de ahorro de líquidos. Los riñones concentran la orina para conservar agua en el organismo.
Cuando esto ocurre, la orina puede volverse más ácida y concentrada. Esto puede irritar la mucosa de la vejiga, provocando una sensación de urgencia incluso cuando la cantidad de orina es pequeña.
En otras palabras, la vejiga envía una señal al cerebro diciendo que necesita vaciarse, aunque en realidad no esté llena.
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