Los días en el hospital se volvieron eternos.
Cada mañana miraba la puerta, esperando verla entrar. Pero nunca apareció.
Ni el segundo día.
Ni el tercero.
Ni el cuarto.
Nada.
Una enfermera llamada Patricia me preguntó con dulzura:
Los días en el hospital se volvieron eternos.
Cada mañana miraba la puerta, esperando verla entrar. Pero nunca apareció.
Ni el segundo día.
Ni el tercero.
Ni el cuarto.
Nada.
Una enfermera llamada Patricia me preguntó con dulzura:
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