—Ahora, mamá…
—No puedo respirar…
Después de unos segundos, respondió:
—Está bien, voy.
Cuando llegó, su expresión era de fastidio. Pero yo no tenía fuerzas para discutir.
En el hospital, todo fue rápido: estudios, radiografías, análisis. Horas después, el médico se sentó junto a mi cama con una mirada seria.
—Señora Celina, necesitamos operar de inmediato.
Sentí miedo… pero lo que más me marcó fue mirar a mi hija y verla completamente indiferente, concentrada en su celular.
Las palabras que nunca olvidé
La cirugía fue ese mismo día.
Cuando desperté, estaba en terapia intensiva. Máquinas, tubos, sonidos constantes… todo era confuso y aterrador.
Leave a Comment