En muchas culturas, la estructura familiar otorga a la madre un papel central en la organización de la vida diaria de los hijos. Ella suele coordinar horarios, actividades escolares, visitas familiares y momentos de convivencia. Como resultado, gran parte de las interacciones entre los niños y los abuelos se gestionan a través de esa dinámica cotidiana. Esto significa que, de manera natural, la relación con la abuela materna puede tener mayor frecuencia de contacto, simplemente porque está más integrada en la rutina diaria.

En ese contexto, la abuela paterna puede quedar en una posición diferente dentro de la logística familiar. No necesariamente por falta de afecto, sino porque los encuentros y visitas dependen de la organización de la familia nuclear. Cuando las actividades se coordinan principalmente desde un solo lado de la familia, el otro puede tener menos oportunidades de interacción frecuente con los niños.
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