Una de las primeras señales es el aumento del sueño. La persona duerme casi todo el día y le cuesta responder a estímulos. Esta somnolencia profunda indica que el cuerpo está reduciendo sus funciones para conservar energía.
Falta de apetito y rechazo a alimentos
El cuerpo comienza a rechazar alimentos y líquidos. Incluso las comidas favoritas dejan de ser deseadas. Esto se debe a que el organismo ya no necesita energía externa para mantenerse funcionando.
Cambios en la respiración
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