Más allá de si una persona cree o no en visiones, presentimientos o mensajes espirituales, hay algo que sí puede afirmarse con claridad: el miedo masivo es una herramienta muy poderosa.
Las personas asustadas actúan distinto. Piensan peor. Reaccionan más rápido. Comparten información sin verificar. Se vuelven más vulnerables a mensajes extremos, a compras impulsivas, a teorías alarmistas y a narrativas que prometen salvación, protección o respuestas absolutas.
Por eso, muchos mensajes apocalípticos no solo buscan llamar la atención. También pueden servir para alimentar un estado mental colectivo basado en ansiedad, confusión y dependencia emocional.
El miedo paraliza, pero además desconecta a las personas de su capacidad de analizar con calma.
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