Aunque no es una enfermedad en sí misma, sino el síntoma de otros problemas de salud subyacentes, genera gran preocupación en quienes lo padecen.
Su origen suele relacionarse con diversos factores físicos y ambientales. La exposición prolongada a ruidos fuertes, la acumulación de cera, alteraciones en la presión arterial o el desgaste natural del oído son responsables habituales.
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