Cuando una persona relata un hecho verdadero, normalmente puede recordar elementos secundarios del contexto, incluso si no son parte central de la historia. Esto incluye detalles del entorno, conversaciones cercanas o pequeñas acciones que ocurrieron alrededor del evento principal.
En cambio, quienes mienten suelen concentrarse en construir una historia básica que parezca creíble. Como resultado, pueden tener más dificultades para responder preguntas inesperadas sobre detalles que no habían considerado al inventar el relato.
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