Durante toda su trayectoria médica, el doctor Manuel Sans Segarra recibió una pregunta que se repetía una y otra vez, casi siempre cargada de emoción, silencio y lágrimas contenidas:
¿Dónde están ahora nuestros seres queridos que han muerto?
No es una pregunta superficial. Nace del amor, de la ausencia y de una necesidad humana profunda de sentido. Muchos la formulan tras perder a alguien irremplazable; otros, después de sentir presencias, sueños vívidos o una paz inexplicable en momentos de dolor. Esta reflexión no parte de la fe ciega ni del dogma, sino de años de observación clínica, escucha atenta y análisis riguroso de experiencias que desafían la visión tradicional de la muerte.

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