Quienes nacieron en esos años suelen recordar una vida cotidiana menos digital durante la infancia y adolescencia. Muchas actividades dependían del encuentro presencial, la espera y la organización directa. Al mismo tiempo, en la juventud o adultez temprana tuvieron que adaptarse a computadoras, correos electrónicos, redes sociales y nuevas herramientas laborales.
Esa transición puede explicar por qué muchas personas de esta generación combinan hábitos tradicionales con una gran capacidad de adaptación. Pueden valorar la comunicación cara a cara, pero también usar tecnología de forma constante. Han aprendido a moverse entre formatos antiguos
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