A la mañana siguiente hice algo diferente.
Me vestí para mí.
Busqué abogados.
Agendé citas.
Tomé control.
La abogada, Patricia Juárez, fue clara:
—Esto se puede hacer… y se puede hacer bien.
Con su ayuda y la de un asesor financiero, organicé todo en silencio.
Cobré el premio.
Protegí mis activos.
Y seguí viviendo como si nada hubiera cambiado.
Pero todo había cambiado.
Leave a Comment