No existe una edad precisa en la que una persona comience a tener «olor a viejo». Aunque se dice que suele ser alrededor de los 60 años, la diversidad en biología y experiencias de vida significa que este fenómeno puede manifestarse de manera diferente en cada individuo. Algunas personas mayores pueden no experimentar cambios significativos en su olor corporal, mientras que otros pueden notar diferencias sutiles o más marcadas.
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