En definitiva, las costras con mal olor detrás de las orejas no deben interpretarse únicamente como un problema de limpieza. En muchos casos, son una manifestación visible de un trastorno cutáneo tratable. Prestar atención a los síntomas y actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre una molestia pasajera y un problema persistente que afecta la calidad de vida.
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