También está el hábito de repetir las mismas historias una y otra vez, sin notar que ya fueron escuchadas muchas veces. Aunque suele hacerse sin mala intención, puede generar cansancio y desconexión en quienes escuchan.
Por último, una de las más difíciles de notar es negarse a aprender algo nuevo. Decir “ya estoy grande para eso” cierra puertas, limita la mente y refuerza estereotipos negativos sobre la vejez. La curiosidad y las ganas de aprender mantienen viva la conexión con el mundo.
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