Lo más significativo fue que Sánchez añadió con claridad que se siente “orgulloso de que sea la izquierda quien gobierne en esta etapa tan difícil, y no la derecha”. Esta frase demuestra que su respuesta no fue espontánea ni improvisada. Fue una intervención políticamente calculada.
¿A quién iba dirigida?
En realidad, el mensaje apuntaba simultáneamente a tres destinatarios:
Primero, a la oposición conservadora, para subrayar que no habría gestionado mejor semejante acumulación de crisis.
Segundo, a los socios parlamentarios del Gobierno, para transmitirles que el proyecto progresista sigue firme.
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