Mi hija falleció hace dos años; la semana pasada la escuela llamó para decir que estaba en la oficina del director. – hican
La recepcionista se sobresaltó al ver su rostro.
—Está con Frank —dijo la mujer en voz baja, como si todo el edificio ya hubiera comprendido que algo imposible estaba sucediendo en su interior.
La puerta del despacho del director estaba entreabierta. Ella la empujó del todo.
Una niña estaba sentada en la silla frente al escritorio de Frank, con ambas manos agarrando un vaso de papel lleno de agua. Era mayor que la niña de las fotografías que aún adornaban la casa. Más alta. De rostro más delgado. Su cabello, antes corto a la altura de los hombros, ahora caía en ondas oscuras y desiguales casi hasta los codos. Pero había cosas que el tiempo no había alterado.
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