La miró.
Y dijo con claridad:
—Daadi.
La palabra quedó flotando en el aire.
La señora Sharma parpadeó.
No esperaba eso.
—¿Qué dijiste?
El niño repitió:
—Daadi.
Y luego soltó una risa orgullosa de sí mismo.
Algo se movió dentro del pecho de la señora Sharma. Algo suave. Algo viejo que se había quedado escondido durante mucho tiempo.
Lo tomó en brazos.
—Sí… soy tu Daadi.
Desde ese día el niño empezó a hablar más.
Primero palabras sueltas. Luego combinaciones raras que nadie más entendía excepto Priya.
—Creo que está diciendo que quiere leche —explicaba ella.
—Eso sonó más como “avión” —decía Amit.
—No, definitivamente es leche.
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