Pero la edad no es lo único que importa. Factores como tu genética, el ejercicio intenso que aumenta el flujo de la sangre o incluso el calor ambiental pueden influir bastante.
Aunque casi siempre es un tema inofensivo y puramente estético, en algunas ocasiones podría indicar un problema de circulación real, como la flebitis, que valdría la pena revisar con un experto si además presentas dolor, enrojecimiento o hinchazón.
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