Históricamente, el entierro tradicional era la forma predominante de sepultura entre los israelitas. Ejemplos claros se encuentran en las historias de Abraham, quien compró una tumba para Sara, y de José, cuyo cuerpo fue llevado desde Egipto para ser enterrado en Canaán.
A pesar de esta tradición, el método de sepultura jamás limitará el poder supremo del Creador. La fe cristiana nos enseña que la voluntad divina garantiza la resurrección final, sin importar si el cuerpo físico se reduce a cenizas.
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