Una de las estrategias más fundamentales y efectivas es la hidratación constante y abundante. Beber grandes cantidades de agua, tés, caldos y jugos naturales (evitando el alcohol y la cafeína, que pueden deshidratar) es crucial porque el agua tiene la propiedad de diluir la mucosidad. Cuando la flema es espesa y pegajosa, es difícil de expulsar, pero al fluidificarse, se vuelve más fácil de expectorar y drenar de las vías respiratorias. Mantener las membranas mucosas húmedas no solo alivia la congestión, sino que también apoya la función natural de limpieza de los pulmones. Este simple hábito puede potenciar la acción de cualquier otro remedio casero que se incorpore.
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