Comprender esta perspectiva requiere reconocer la soberanía de Dios sobre nuestro ser. La Biblia no prohíbe explícitamente la cremación, aunque ofrece pasajes relacionados con la disposición del cuerpo.
Históricamente, el entierro tradicional era la forma predominante de sepultura entre los israelitas. Ejemplos claros se encuentran en las historias de Abraham, quien compró una tumba para Sara, y de José, cuyo cuerpo fue llevado desde Egipto para ser enterrado en Canaán.
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