La misma que me dijo que mi hijo había arruinado a su hija.
La misma que juró que si ese bebé nacía, Emiliano no volvería a acercarse.
Sentí el estómago helado.
Valeria avanzó unos pasos con los ojos llenos de lágrimas. Parecía aterrada.
Emiliano bajó del escenario sin soltar a la niña.
“¿Qué haces aquí?”, le preguntó, casi sin voz.
Lorena respondió por ella.
“Porque ya fue suficiente mentira.”
Todo el auditorio seguía mirando.
Yo me puse de pie.
La directora quiso intervenir, pero nadie le hizo caso.
Lorena señaló a Emiliano con una rabia vieja, acumulada.
“Diles la verdad”, soltó. “Diles que desde hace meses mi hija no quería tener a esa bebé. Diles que ustedes la obligaron. Diles que ahora se hacen los héroes para que todos aplaudan.”
Un murmullo de espanto recorrió el lugar.
Valeria empezó a llorar.
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