Luego vinieron las risitas.
“¿Es en serio?”
“No inventes…”
“Mira nada más…”
Y entonces una mujer, justo detrás de mí, soltó con desprecio:
“Tal para cual… igual que su madre.”
Se me fue el aire.
Quise desaparecer. Quise volver dieciocho años atrás. Quise borrar de un golpe todos los errores, todos los juicios, todos los días de vergüenza que creí enterrados.
Pero Emiliano no bajó la cabeza.
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