Brianna comenzó a temblar mientras su hermana Vanessa le pedía que dijera que no era cierto. Austin abrió la caja y reveló el reloj de oro con esfera azul sobre el terciopelo oscuro.
—Ese reloj pertenece a Julian Vance —dijo Austin, y el nombre resonó en la habitación como un golpe seco. Brianna retrocedió un paso hacia la puerta y afirmó que no era suyo, pero el rostro de su padre ya se había endurecido.
—Estuvo aquí en esta casa anoche —dijo Austin con firmeza—. Me dijiste que estabas en la cama mientras yo estaba allí mismo, escuchándote.
Brianna rompió a llorar desconsoladamente mientras Austin le preguntaba cuánto tiempo llevaba la aventura. Bajó la cabeza y susurró que habían sido cinco meses.
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