Aunque el babeo ocasional puede no ser motivo de preocupación, si se presenta de manera constante, podría ser un indicativo de problemas más serios. Por ejemplo, algunas condiciones neurológicas y problemas de salud bucal pueden influir en la producción de saliva y la capacidad de tragar. La enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple o incluso la apoplejía pueden estar relacionadas con un aumento en el babeo nocturno.
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