Los refrescos están llenos de calorías vacías y ralentizan tu metabolismo, lo que hace que tu cuerpo almacene más grasa. Los refrescos “light” tampoco son mejores, ya que contienen edulcorantes que pueden aumentar el apetito. Una lata de refresco contiene alrededor de 150 calorías y puede causar hinchazón debido al dióxido de carbono. Los jugos de frutas comerciales no son una alternativa ideal porque suelen estar cargados de azúcar y carecen de valor nutricional. Opta por agua o tés helados caseros sin azúcar.
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