La ciencia demuestra que estos insectos se sienten atraídos por compuestos específicos que emitimos naturalmente. El dióxido de carbono exhalado, el ácido láctico del sudor y nuestra temperatura corporal actúan como un radar irresistible para ellos.
La ciencia demuestra que estos insectos se sienten atraídos por compuestos específicos que emitimos naturalmente. El dióxido de carbono exhalado, el ácido láctico del sudor y nuestra temperatura corporal actúan como un radar irresistible para ellos.
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