Crean burbujas de consuelo para sí mismos. Lectura, música, baños calientes, paseos o series de televisión: cuando el afecto escasea, muchas mujeres inventan sus propios rituales de consuelo. Estos momentos para sí mismas les permiten reenfocarse, recargar sus baterías emocionales y recuperar el equilibrio.
Se vuelven más sensibles.
La palabra más insignificante, el gesto más insignificante, puede afectarlas repentinamente con mayor profundidad. No se trata de una fragilidad permanente, sino de una reacción natural a la falta de ternura. Cuando el corazón se siente vacío, todo resuena con mayor intensidad.
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