Cuando permanecemos sentados durante largos periodos, el flujo sanguíneo hacia el cerebro disminuye, lo que puede afectar la oxigenación y el suministro de nutrientes esenciales. Esto impacta directamente áreas clave como el hipocampo, responsable de la memoria y el aprendizaje. En contraste, caminar activa la circulación, aumenta el flujo de oxígeno y estimula procesos neuroquímicos que favorecen la plasticidad cerebral
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