Pero lo hizo.
Esa noche, la colocó en su habitación. La miraba sin entender qué tenía de especial. Pero algo en ella se sentía diferente… más tranquila.
Al día siguiente, decidió hacer algo que no hacía desde hacía tiempo: actuar.
Actualizó su currículum.
Buscó oportunidades.
Respondió mensajes que había ignorado.
Y lo más importante… dejó de pensar en el pasado.
Los primeros cambios fueron pequeños.
Una llamada inesperada.
Una oportunidad de trabajo temporal.
Un encuentro con alguien que le dio un consejo clave.
Pero lo que más le sorprendió fue su propia actitud.
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