1. Licúa el tomate.
Procésalo y cuélalo para obtener un jugo suave.
2. Mezcla la maicena.
Disuélvela con una cucharadita de agua para evitar grumos.
3. Espesa la mezcla.
Lleva el jugo de tomate a fuego bajo, añade la maicena y remueve hasta obtener consistencia de gel.
4. Agrega el aloe vera.
Cuando esté tibio, incorpóralo para suavizar y potenciar la regeneración.
5. Añade vitamina E y agua de rosas (opcional).
Mejoran la hidratación y la reparación celular.
6. Guarda en un frasco limpio.
Conserva en refrigeración entre 5 y 7 días.
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