Un aspecto poco conocido pero muy interesante es el impacto de la vitamina D en el embarazo. Diversos estudios, como los realizados por la Universidad de Bristol, afirman que las mujeres embarazadas que reciben más luz solar (lo que suele ocurrir durante la primavera y el verano) producen mayores niveles de vitamina D, lo que es clave en el desarrollo del cerebro fetal .
Esto puede explicar por qué algunos bebés nacidos en otoño muestran una ligera ventaja en términos de salud neurológica y capacidad de concentración, especialmente si su gestación ocurrió durante meses soleados.
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