Guardar leche, batidos con yogur, crema o incluso chocolate caliente casero puede parecer buena idea… pero no lo es. ¿Por qué? Porque los productos lácteos son extremadamente sensibles a los cambios de temperatura. Si no se mantienen por encima de los 65 °C, las bacterias comienzan a multiplicarse a gran velocidad .
El ambiente cálido y húmedo de un termo cerrado crea el escenario perfecto para que estos microorganismos prosperen. Y sí, eso puede derivar en malestar estomacal, náuseas o incluso infecciones .
Además, el mal olor que dejan los restos de leche fermentada puede ser casi imposible de eliminar del termo .
Alternativa segura:
Si vas a llevar un lácteo, mejor utiliza una bolsa térmica con hielo reutilizable, o botes con refrigeración activa. Y si no puedes mantenerlo frío o caliente el tiempo suficiente, mejor elige otro alimento más estable.
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