La buena noticia es que Dios siempre espera.
Pasos sencillos pero poderosos:
Reconocerlo sin excusas
Orar con sinceridad, aunque duela
Volver a la confesión, sin miedo
Leer la Palabra, aunque incomode
Vivir coherentemente, incluso cuando cuesta
No se trata de perfección, sino de intención y humildad.
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