Las personas nacidas entre 1940 y 1985 conocen el valor del esfuerzo. Aprendieron desde jóvenes a ganarse la vida, a ahorrar y a trabajar sin depender del Estado ni de “motivación”.
Trabajaron desde temprano, a veces en condiciones duras, pero con dignidad. Sabían que nada se consigue sin sacrificio. Hoy, aunque muchos están jubilados o cerca de hacerlo, siguen siendo ejemplos de productividad y constancia.
Y lo mejor: muchos enseñan a sus hijos y nietos esos mismos valores, creando generaciones más fuertes y responsables.
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