Sostuve a mi bebé más fuerte contra mi pecho.
No por frío… sino por todo lo que estaba sintiendo en ese momento.
Mi abuelo me miraba fijamente, con el ceño fruncido y una mezcla de confusión… y enojo.
—¿Cómo que nunca recibiste nada? —preguntó, su voz ahora más grave.
Leave a Comment