Imagina que tus arterias son mangueras de riego. Si están limpias y elásticas, el agua llega a cada rincón del jardín sin esfuerzo. Pero si se vuelven rígidas o se llenan de sarro, la presión sube y la bomba (tu corazón) sufre.
Señales de alerta que no debes ignorar:
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Presión arterial elevada: El primer indicador de resistencia vascular.
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Pesadez o falta de aire: Tu cuerpo lucha por obtener oxígeno.
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Fatiga crónica: El “tráfico” sanguíneo es demasiado lento para darte energía.
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