Esa tarde…
él se fue.
Sin contrato.
Sin casa.
Sin la seguridad que creía tener.
Y yo…
cerré la puerta.
No con odio.
Sino con paz.
Porque entendí algo importante:
No todos los hijos regresan por amor.
Algunos regresan…
por interés.
Y a esos…
no siempre hay que abrirles la puerta.
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