Mi hijo volvió después de 6 años. Trajo una lapicera y un contrato en lugar de un abrazo.

Mi hijo volvió después de 6 años. Trajo una lapicera y un contrato en lugar de un abrazo.

Esa tarde…

él se fue.

Sin contrato.

Sin casa.

Sin la seguridad que creía tener.

Y yo…

cerré la puerta.

No con odio.

Sino con paz.

Porque entendí algo importante:

No todos los hijos regresan por amor.

Algunos regresan…

por interés.

Y a esos…

no siempre hay que abrirles la puerta.

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